El Blog del Derecho de Familia

22/11/2010

La reclamación de alimentos determinados en divorcio tras la mayoría de edad

A menudo se plantea la duda acerca que quien está legitimado para iniciar una reclamación de alimentos cuando el hijo ha alcanzado la mayoría de edad.

Debemos partir de la idea de que los alimentos establecidos en una sentencia de divorcio son de satisfacción obligatoria hasta que los mismos no se extingan, ya sea porque la propia sentencia de divorcio establezca una fecha concreta o por una declaración expresa de extinción. Esa declaración la deberá solicitar el obligado al pago cuando considere que se dan las circunstancias para ello, por ejemplo, cuando el hijo tenga vida independiente. Hasta que no se declare que los alimentos quedan extinguidos, el obligado, sigue obligado a satisfacerlos.

En muchas ocasiones, llegada la mayoría de edad, el obligado opta por dejar de pagar. Simplemente por considerar que se ha acabado su obligación o responsabilidad paternal. Nada más lejos de la realidad. Mientras el hijo siga cursando estudios y conviva en el domicilio del otro progenitor, a cargo de éste, y sin ingresos suficientes para una vida económicamente independiente, el progenitor sigue obligado a ese pago y su incumplimiento puede dar lugar a una ejecución de sentencia para la que está legitimado el que fuera “progenitor custodio“. El hecho natural de la mayoría de edad del hijo no cambia la legitimación para reclamar los alimentos, puesto que ese hijo sigue a cargo de uno de los progenitores.Por lo tanto, el progenitor que recibía los alimentos es el que podrá accionar contra el otro para obtener ese pago, igual que lo hubiera hecho siendo el hijo menor de edad.

Del mismo modo, la acción del “pagador” para obterner la extición de esos alimentos se dirigirá contra el progenitor “custodio”.

Sólo cuando los alimentos están extinguidos se inicia la legitimación del hijo para reclamar alimentos de cualquiera de sus progenitores, pero teniendo en cuenta que esos alimentos no son los alimentos amplios propios de las situaciones de separación o divorcio, sino que se contraen a los estrictos alimentos entre parientes del código civil.

15/11/2010

El papel del Abogado de Familia en el proceso de divorcio.

Cuando nos planteamos la ruptura de pareja, el divorcio en definitiva, una primera decisión está en la elección del Abogado a quien confiar nuestro “problema”. Muchas veces vamos a ver a alguno que conocemos (aunque no sabemos a que se dedica exactamente) o a aquel que alguien conocido nos comenta. Quizás le encarguemos el asunto, porque no sabemos a quien más acudir, y luego resulte que la elección no ha sido acertada, no ya por lo que se refiere a los conocimientos legales sobre la materia (de lo que ya hablamos en otro post), sino por las sensaciones que nos transmite.

El proceso de divorcio tiene una carga emocional enorme, que lo impregna todo. El cliente necesita una sensación de atención y seguridad en la gestión de su situación. Para el cliente, angustiado por estos cambios en su vida, su asunto se percibe como único, como el más importante. Por ello, un buen Abogado de Familia deberá seguir unos protocolos básicos de actuación para con el cliente, de forma que el cliente se sienta “arropado” en este nuevo camino. Sin estas bases, no estaremos ante un buen Abogado de Familia, y, quizás, nos hayamos equivocado en la elección.

1- Debe darse una comunicación regular entre Abogado y cliente. El cliente requiere una respuesta rápida a su consulta. El Abogado de Familia debería responder al cliente en un plazo de 24 h, aunque sea simplemente para decirle al cliente que está en ello y que le tiene presente.

2- El cliente deberá estar puntualmente informado del estado del procedimiento y de las posibles situaciones que puedan producirse en un futuro próximo. Debe estar informado de las estrategias que se pueden seguir, del desarrollo del proceso, tanto del de negociación como del proceso judicial. El cliente debería ser informado de los documentos que se generen en su expediente, tener copia de los mismos, y deberá tener opción a la revisión final de los escritos que se vayan a presentar, previamente a su presentación.  Esl proceso de divorcio cambiará su vida y le afecta de una forma muy directa en la esfera personal para el futuro, de forma que deberá tener opción a decidir.

3- Disponibilidad del Abogado. Es evidente que, aunque nos parezca que nuestro caso es único y el más importante del mundo, el Abogado llevará diversos asuntos a un mismo tiempo. Pero el buen abogado de Familia será de fácil alcance. Un Abogado que pospone o cancela las citas continuamente es un mal Abogado de Familia.

4- En la gestión de asuntos de Derecho de familia las pequeñas cosas son muy importantes. El buen profesional debe ser siempre cortés, educado y atento, con el cliente, pero también mostrar modos correctos frente al contrario. La hostilidad y rudeza no son armas productivas.  En asuntos de familia el cliente no siempre tiene razón, y es función del buen Abogado que las diferencias de opinión en la forma de conducir un determinado aspecto sean resueltas de forma cortés, dándo una respuesta razonada.

En definitiva el cliente espera del Letrado consejo y comunicación. El buen Abogado de Familia aconsejará al cliente sobre las mejores estrategias a seguir, analizando con éste los hechos relevantes y la ley para permitir al cliente tomar decisiones bien informadas sobre su asunto, manteniéndole puntualmente informado  de todo el proceso .

01/03/2010

¿Que intereses defiende el abogado que asesora a los dos cónyuges?

Esta vez la entrada expresa una personal opinión sobre una historia real.

Me llega un cliente para asesorarse sobre divorcio. Las cosas en casa van mal y la esposa se lo ha insinuado. Preventivamente (y de forma muy acertada) él decide consultar al abogado, en este caso, a mí. Sin limite de tiempo le explico como funciona un divorcio, opciones varias de reparto del tiempo con los niños, la hipoteca, los gastos, derechos y deberes de cada uno, la importancia de mantener a los niños al margen de todo… todas las opciones y posibilidades desde un mutuo acuerdo hasta el contencioso más duro, como está actualmente la jurisprudencia, etc… Pasan las semanas y en efecto la esposa le pide divorcio. Una amiga le ha recomendado un abogado así que van a verle para hacer un mutuo acuerdo de custodia compartida. El acepta ver a este abogado para evitar contrariarla, teniendo en cuenta que ya está debidamente asesorado. Se supone que será abogado de los dos y por tanto, muy neutral. En la primera entrevista me cuenta ya el cliente que parecía que él sabía más de Derecho de Familia que el propio abogado al que fueron, que con sus preguntas le puso en más de un aprieto. Comentan un poco la situación y ya va viendo que el abogado lo que menos es, es imparcial. Barre literalmente a favor de la esposa y llega a decirle al marido que, o acepta las condiciones económicas (absolutamente injustas a mi modo de ver, y dudo que sean sostenibles) o nada más simple que ir a contencioso, y con ello, la esposa tendrá piso, niños y pensión. Que ella es la esposa, eh??. Quedan para que haga un borrador de convenio. Es un borrador de convenio sencillo, no tiene más complicación que una compartida, una hipoteca a medias, uno sale del piso y se alquila otro a dos calles, y ya está. Bien, este borrador tarda más de un mes en redactarse y cuando lo hace… el mismo cliente es capaz de ver que está lleno de incongruencias e incompatibilidades. Un convenio mal redactado, con faltas de ortografía (diferencia entre verbo haber y verbo hallar: la propiedad se “haya” gravada…) en el que se mezclan conceptos incompatibles y en el que, además, la defensa de los intereses del marido brilla por su ausencia. Un convenio que a simple vista ya me plantea un sinnúmero de puntos que van a derivar en conflicto en el momento de ponerlo en práctica, vamos, una fuente de problemas. Y el Abogado se atreve a decirle al cliente que “era muy complicado plasmar lo que ellos querían”. En definitiva, como ya mencioné en Twitter la pasada semana: Cualquiera se atreve con el Derecho de Familia cuando es una parte de la profesión que requiere mucha profesionalidad, no solo por la formación especializada en el fondo, sino por la forma tan especial que requiere la atención al cliente. Pero además, el abogado en cuestión, entiendo que carece de toda profesionalidad y de la atención a las normas de la Deontología cuando representa que está asesorando a ambos y lo que hace es actuar a favor de uno y en perjuicio del otro, siendo ambos sus clientes. Nunca he valorado el trabajo de un compañero, me parezca correcto o no, pero esta vez no puedo evitarlo. Es una actuación que “clama al cielo” y me indigna, ya que luego acabamos todos siendo valorados negativamente como colectivo, por cuatro desaprensivos que actúan sin la más mínima profesionalidad.

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