El Blog del Derecho de Familia

17/05/2010

Las celebraciones familiares

Mayo y Junio son meses típicos en que se concentran numerosas celebraciones familiares, sobre todo relacionadas con la confesión católica: Bautizos, comuniones y bodas.  ¿Y si el menor no está commigo el dia de la celebración de mi familiar? Muchos convenios y sentencias ya hacen una pequeña previsión al respecto, que no es más que la aplicación del sentido común y del beneficio del menor. Impedir al menor participar en este tipo de celebraciones familiares por el hecho de que “no le toca el fin de semana” es perjudicar sus relaciones familiares, de forma que creo que no es legítimo impedirlo si ha mediado un preaviso suficiente . Aquel que tenga la celebración familiar debería comunicarlo al otro progenitor tan pronto como tenga conocimiento del acontecimiento para que aquel, con tiempo, pueda organizarse, cediendo unas horas de su estancia con el menor o bien procediéndose a un cambio de fin de semana o compensándose dicha “cesión” en otra ocasión similar.

Evidentemente, la buena voluntad de ambos progenitores, como siempre, permitirá que todo se desarrolle en un clima de normalidad que beneficiará al menor, pero ya sabemos que en ocasiones, no sucede así y que no es posible el entendimiento. Aunque parezca excesivo, siempre tenemos la opción de pedir el auxilio judicial, aunque la dilatación de los procesos judiciales puede que la resolución sea inefectiva.

En estos casos de divergencias , cada uno de los progenitores debería ponerse en la piel del otro y ver cual sería la respuesta que desearía obtener en un caso similar. ¿Y si la celebración fuera de mi familia y no me correspondiera estar con los niños… me gustaría que pudieran venir conmigo? Muchas veces este simple ejercicio de reflexión puede ayudarnos a desatascar conflictos.

Otra cuestión es la de las celebraciones religiosas que atañen al menor. Es una decisión conjunta de patria potestad, como ya referí en otro post, de forma que se impone la intervención y decisión de ambos en las celebraciones religiosas, tanto en lo relativo a la realización del acto religioso en sí mismo, como en el modo de llevarlo a cabo, sin que al respecto tenga prioridad el progenitor a quien corresponda el día en que vaya a tener lugar el referido acto.

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